viernes, 5 de agosto de 2016

La insoportable pérdida del ser en Ikea.

Hoy es jueves. Jueves día cuatro y joder, llevo todo el día con el cuerpo y el alma hechos mierda, todo por culpa de Ikea.
Todo empezó muy bonito aquel miércoles; llegamos a Ikea en un día de trabajo normal, soltamos el camión en el parking y comenzó la pérdida de nuestras almas.
Era todo extremadamente precioso hasta que nos topamos con los muebles que nos tocaría cargar, descargar y subir hasta la casa de alguien en algún piso sin ascensor, o con uno tan pequeño que no cabría nuestra carga.
Ikea, ¿por qué haces muebles de dos metros y medio? ¿POR QUÉ? Al menos pesan "poco", poco hasta que te das cuenta de que son doce cajas del mismo tamaño cuyo peso oscila entre los treinta y cincuenta kilos...y habrá que subirlos por unas escaleras.
Esto es rápido, sí, en una hora estaba todo listo. Ahora quedaba lo peor.
Nos perdimos por Ikea casi una hora, buscando la zona de Orden en casa, y allí estuvimos otra hora, buscando cuatro cestas de un tipo específico que dios sabría donde coño estarían, bueno, acabé descubriéndolo tras mirar más de dos docenas de cestas idénticas de las que solo cambiaba el código y quizás, sólo quizás un poco el tamaño.
AL FIN LO TENÍAMOS TODO, o no. Nos llamaron. Necesitábamos unos leds que buscamos durante apróximadamente dos horas. Me hice amigo de una de las chicas que están dando vueltas por allí y todo, Victoria se llamaba, que nos ayudó en nuestra infructuosa búsqueda para acabar yendo de la zona de iluminación a la de baños donde resultó que nuestros ansiados leds eran parte de un espejo que... TACHÁN, la única forma de conseguir los leds era comprar el espejo, no se vendían por separado. Todo a la mierda.
Salimos de allí. Cargamos la mercancía en el camión y esperamos durante otra hora mientras nos comíamos un perrito caliente de cincuenta céntimos a que nos hicieran los papeles del Free Tax.
Dos horas, de vuelta a la frontera con Gibraltar donde tuvimos que esperar alrededor de media hora a que nos gestionaran nuevos papeles para poder declarar el impuesto sobre el valor añadido (el Tax de toda la vida, y el IVA en España) sobre los muebles.
Pasado todo esto estábamos en aquel bonito lugar donde había que descargar los muebles: un edificio de cinco plantas de escaleras espaciosas (POR SUERTE) aunque más largas de lo común. Podría tener unos ocho pisos si fuesen escaleras normales, con razón necesitaban muebles de dos metros y medio de altos...
Una hora y media.
Una hora y media descargando muebles que al principio no pesaban y cuando íbamos por la mitad era como llevar media tonelada en brazos.
Quería morirme. Quería tumbarme en aquellas escaleras y caer hacia abajo rodando, a ver si así podía dejar de cargar muebles.
Al menos nos dio diez libras a cada uno de propina.

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