miércoles, 10 de agosto de 2016

El cuaderno azul y sus designios.

Hace un año o así, a esta misma hora, estaba llorándola. Compadeciéndome a mí mismo por haberla perdido.
Hoy he mirado nuestras fotos, esas que guardo en El cuaderno azul, esas que están ahí, atesoradas y encerradas en sí mismas, huyendo de mí y de sí porque saben que solo pueden hacer daño. No me han hecho daño.
He sentido algo. Quizás fuera nostalgia. Quizás fuera tristeza. Pero era débil.
He dicho mil veces que "la he superado" y al final he llegado a la conclusión de que estas cosas no se superan, simplemente se dejan estar. Se olvidan de cierta forma pero siguen ahí, recordándonos todo lo ocurrido en cómo nos comportamos y quiénes somos.
Joder, cuatro de cuatro frases comenzaban con haches, ya era hora de empezar con una palabra bonita como lo es la palabra joder.
Como ya he dicho estas cosas jamás se dejan de lado ya que nos han marcado, nos han hecho ser como somos y nos guían hacia como seremos en un futuro. Maldita sea, damn, me gustaría olvidarlo todo pero entonces no estaría escribiendo esto. No habría escrito la mitad de las cosas de este blog ni estaría trabajando en el relato en el que llevo trabajando desde enero (ha estado para, en el tintero, esperando a que mi corazón necesitase retomarlo.)
Buenas noches.

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