lunes, 1 de agosto de 2016

Mentiras.

A veces mentimos. A veces miento. Todos mentimos.
Mentir va de la mano con nuestro humanidad, con nuestro deseo de seguir vivos, con nuestro deseo de no perderla, con nuestro deseo de que se quede y no huya ante nosotros, ante nuestra verdadera humanidad.
Puede ser más o menos ético pero todos mentimos para huir de nosotros mismos aunque no sepamos que es una mentira. Todos huímos porque realmente nadie es como es, todos llevamos máscaras que esconden nuestro verdadero yo, todos nos hemos reprimido alguna vez por el "que dirán", todos hemos rehuido alguna vez una pelea, algún conflicto, por miedo a como pudiese acabar.
Todos hemos sido alguna vez el cobarde que se escuda tras la máscara aunque no sepamos cuánto o no queramos admitirlo.
Nadie es como cree ser o como los demás creen que es.
Las máscaras nos escudan y se esconden tanto en nosotros que pasan a ser parte de nuestra piel haciendo así que no podamos huir de ellas, haciendo que tengamos que conformarnos con lo que pasa.
Las mentiras son como el combustible de la humanidad, qué digo, son el combustible de la humanidad.
¿Quién es cómo cree ser y cómo los demás creen que es? ¿Quién no tiene un oscuro secreto que solo unos pocos, o quizás nadie, sabe?
Joder, yo tengo muchos. Yo no soy como todos creen, yo no soy como yo mismo creo.
A veces me sorprendo a mí mismo con cosas que nunca creí que haría, me sorprendo a mí mismo huyendo de conflictos que otras veces creía ganados, me sorprendo cayendo en el abismo.
Podría seguir escribiendo sobre la mentira y la inexistencia de la verdad, pero sería alargarme de más y no estamos aquí para eso.
Seguid mintiendo, seguid alimentando el mundo. La verdad como tal no existe.

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